Una Epístola al Estudiante de Astrología (1647 - Extracto)

Amigo mío, quienquiera que seas, tú que con tanta facilidad recibirás el beneficio de mis duros estudios, tú que intentas proseguir en este conocimiento celestial de los astros: en primer lugar, considera y admira al Creador, dale gracias, sé humilde, y no dejes que el conocimiento natural, por muy profundo o trascendente que éste sea, exalte tu mente para descuidar esta Divina Providencia, por cuyo orden y designio todas las cosas celestiales y terrenales tienen su movimiento constante; cuanto más se amplíe tu conocimiento, más ensalzarás el poder y la sabiduría del Todopoderoso. Lucha por preservar su favor, porque cuanto más sagrado sea tu Arte, más cercano a Dios, más puro será el juicio que darás.

Huye del orgullo y la presunción, recuerda que en los primeros tiempos ninguna criatura irracional osaba ofender al hombre en el Macrocosmos, sino que lo servía y obedecía fielmente, dueño de su razón y sus pasiones. No abandones, oh, hombre, a tu Dios: considera tu propia nobleza; porque todas las cosas creadas, tanto presentes como venideras, fueron creadas para tu bien. ¡Cuánta supremacía, privilegios y ventajas te ha otorgado! Tú puedes contemplar los cielos, concebir el movimiento y magnitud de las estrellas, tú hablas con los ángeles, con el mismo Dios. No dejes, pues, que la vergüenza deforme tu naturaleza, o no te hagas merecedor de tales dones, o te prive de ese gran poder, gloria y bendiciones que te ha concedido.

En tu diaria conversación con los cielos, instruye y forma tu mente de acuerdo a la imagen de la Divinidad: aprende todos los ornamentos de la virtud, sé instruido en ella suficientemente; sé humanitario, cortés, familiar, con todos, fácil de acceder; no aflijas al desgraciado con el terror de un dictamen cruel y ruega a Dios para que te impida hacerlo; sé cívico, sobrio, no codicies riquezas, da limosna al pobre, tanto en dinero como en dictamen, no dejes que la riqueza mundana te induzca a juicios erróneos haciéndote deshonrar el arte. Sé parco al emitir juicios contra el bien común en el que vives, evita la ley y la controversia. No seas extravagante, o deseoso de saberlo todo. Sé fiel, tenaz, no traiciones los secretos de nadie, no desalientes si hablan mal de ti. Enseña a todos los hombres a vivir bien, y sé tú mismo un buen ejemplo.

William Lilly

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