Astrología y cosmología en las religiones del mundo

    Es impresionante el hecho de que nunca hubo una cultura humana que no haya relacionado sus mitos, instituciones e identidad a las estrellas.

    Esta es una verdad del Occidente moderno así como lo fue para nuestros ancestros prehistóricos y es relevante para los últimos habitantes indígenas sobrevivientes del Amazonas como lo es para los astrónomos norteamericanos de hoy. Después de todo, ningún científico perdería frías noches relevando el cielo en la búsqueda de nuevas estrellas o decodificando datos del lejano espacio si esa práctica no tuviera ningún sentido. De hecho es profundamente significativo, y los últimos cientos de años de valiosos descubrimientos del inmenso e incomprensible tamaño de nuestro universo, combinado con la pura maravilla de las imágenes a color de alta definición de galaxias distantes han resultado tan encantadores como cualquier antigua historia de dioses y diosas o de salvadores bajando a la Tierra desde el cielo.

    El nombre que le damos a la búsqueda de significado en el cielo es astrología, del logos griego (“palabra” o “lógica” de las estrellas), opuesto a la astronomía, la “ley” de las estrellas. La astrología en el mundo moderno tiene una relación en cierto modo problemática con la cultura predominante. Su forma más popular es el horóscopo diario basado en los doce signos zodiacales, divisiones del cielo inventadas en Babilonia en algún momento antes del 500 a. de C. pero quizás con orígenes previos a la invención de la escritura. El sistema es una parte familiar a la cultura de masas, pero provoca una ira peculiar entre algunos cristianos fundamentalistas, que la ven como algo demoníaco, y un pequeño pero vociferante círculo de escépticos, que la consideran una bárbara afrenta a los valores de la Iluminación. En esta guerra santa moderna los ateos laicos se encuentran involucrados en una alianza non sancta con los evangelistas contra los representantes de una tradición que puede ser rastreada hasta antes de la historia escrita.

    La palabra “astrología” con toda la carga que conlleva es, sin embargo, rigurosamente griega. El equivalente árabe sería Ahkam al-Nudium, literalmente “los decretos de las estrellas”, y en India hablamos del Jyotish, la “ciencia de la luz”. Los chinos estudiarían el tian wen o las pautas celestes, mientras los japoneses basan sus prácticas en el onmyodo, el “camino del Yin-Yang”, el juego incesante de las fuerzas de las fuerzas sutiles del cosmos. Para el historiador de las religiones, la astrología moderna es un notable sobreviviente del Medio Oriente pre científico y pre cristiano. Filtrado a través de la Grecia clásica, el sistema babilónico se convirtió en un lenguje universal que no hacía otra cosa que encontrar esclavos perdidos, elaborar el momento más afortunado para casarse, hacer tratos comerciales o asistir el ascenso del alma hacia la otra vida. En el pináculo del sistema se hallaban las poderosas deidades planetarias: Zeus, el rey del Olimpo, para el planeta Júpiter, Afodita, la diosa del amor, para Venus, y así sucesivamente.

    Los filósofos griegos, como eran filósofos, no podían evitar rumiar sobre la lógica subyacente. Tener dioses y diosas caprichosos mandando mensajes a través de las estrellas no era suficientemente adecuado para la mentalidad racional de los intelectuales atenienses. Secularizaron el sistema introduciendo nociones de influencias celestiales en las que los planetas podían ser fríos o calientes, secos o húmedos, con las condiciones medioambientales de la Tierra configuradas por los patrones celestes. Se instaló al tiempo como un principio organizador, casi una deidad por sí misma, en donde la astrología funcionaba porque los planetas y la gente se movían juntos en una danza hermosa y sincronizada, experimentando períodos de tensión o relax exactamente en los mismos momentos (la palabra griega cosmos, raíz de nuestra palabra “cosmética”, tiene su mejor traducción en “orden bello”). Intrincados sistemas de causación fueron formulados en donde la causa de los eventos actuales podría residir en el futuro (lo que conoceríamos como causación a posteriori). Tales nociones florecen hoy en la India como una parte integral del hinduismo, favorecidas por las antiguas tradiciones védicas y en Occidente sobreviven entre una pequeña cantidad de entusiastas practicantes.

    Que el impulso de desarrollar relaciones significativas entre el cielo y la sociedad es universal también aparece sugerido por la evolución de sistemas de astrología completamente distintos y sofisticados en otras dos civilizaciones: la china y la de los mayas y los aztecas. En estas culturas la astrología existía como una importante herramienta de Estado y como una simple forma de adivinación: para ser capaz de realizar la propia fortuna, las perspectivas personales de éxito o fracaso, eran tan importantes entonces como ahora. Ahí, como en Occidente, la astrología podía ser vista como una forma de prevenir riesgos.

    Toda sociedad humana vincula las figuras (generalmente animales) que ve en el cielo, junto con las mociones repetitivas del sol, la luna y los planetas, a su vida cotidiana. Entre las tribus originarias de Norteamérica, la estructura viva y móvil del cosmos era y es representada en rituales planeados para armonizarse con los marcos de vida más vastos de los cuales los humanos son parte. Los aborígenes australianos promueven su bienestar involucrándose con los sueños, la dimensión arquetípica e intemporal pero siempre presente que puede ser expresada a través de tales eventos como el ascenso u ocultamiento de las estrellas, o la brillante aparición de la luna llena en el cielo vespertino, así como en figuras primigenias esbozadas en el paisaje. Para los polinesios que navegaban miles de peligrosos kilómetros en pequeñas barcas, las estrellas eran una ayuda en la navegación precisamente porque habían sido colocadas en el cielo por un creador amistoso.

    La astrología es central a la práctica religiosa en la medida que ofrece la oportunidad de contactar a las deidades celestiales, o de sincronizar los asuntos humanos con las verdades eternas. Los ejemplos más importantes de astrología devocional son los calendarios sagrados que se establecieron hace mucho tiempo para identificar los días o momentos más auspiciosos para realizar rituales religiosos. Uno de los evidentes legados es la Navidad, que dramáticamente tomó prestado el 25 de diciembre, el festival romano del Sol Invicto. La Pascua, adaptando un arcaico festival babilónico, hace resucitar a Cristo en el primer domingo (el día sagrado del sol) después de la primera luna llena que le sigue al equinoccio de primavera, cuando el día y la noche, la luz y la oscuridad, estaban equilibradas a la par. Las reglas de los hebreos expresadas en el Antiguo Testamento no podían ser más claras: Dios sólo tendrá en cuenta tales rituales si están apropiadamente coordinados con el sol y la luna. Hacerlo de otro modo es arriesgarse a la ira divina.

    Los antiguos signos del Zodíaco sobreviven hoy en Occidente porque, de un modo único, en una de agresivo consumismo, saturación de los medios y materialismo científico, alientan a la gente a reflexionar sobre ellos mismos y su mundo interior; sus esperanzas, temores y motivaciones secretas. En la cultura de masas, la astrología reemplaza el remoto lenguaje de la relatividad y los años luz con historias de amor y fortuna. En una era en la que estamos ahora conscientes de que vivimos en un planeta insignificante en el borde de una galaxia menor, la astrología restaura a cada individuo en el centro de su propio cosmos. Según sus practicantes provee una sensación de sentido y propósito personales y, a veces, una guía para la acción. Tanto los defensores como los críticos de la astrología encuentran un extraño acuerdo en este punto. Lo que no tiene nada que ver con la posible verdad de las afirmaciones de la astrología, pero sí explica su supervivencia en el siglo XXI.    Agosto 2012
 

El Dr. Nick Campion es un reconocido historiador, antropólogo y astrólogo británico, autor de libros y editor de revistas decisivas para la comunidad, que lo ha reconocido en dos ocasiones con el premio Regulus, la máxima distinción que puede recibir un astrólogo en estas décadas. Es Director del Master en Astrología de la Universidad de Gales. La Fundación Caba lo invitó a dictar una inolvidable charla gratuita multitudinaria el 11-11-11.

 

 

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